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Este año escolar 2018-2019 fue diferente, porque fui contratada la última semana de agosto.  Una semana antes de que mis estudiantes empezaran el año escolar, así que la transición fue un poco apresurada y no tuve tiempo de decorar o comprar cosas a mi gusto.

 

Cuando tuve mi entrevista laboral, lo que más me emocionó, fue cuando mi actual administrador me llevó a un tour por el colegio y me enseñó  el que hoy en dia es mi salón de clases.

Durante mis diez años como docente, nunca tuve la oportunidad de tener mi propia  aula, siempre fui maestra itinerante y andaba con un carrito en el que guardaba las cositas para mis clases.  Siempre soñé con tener mi propio espacio y no ser como muchos maestros me veían “un estorbo más”, ya que cuando pedía permiso para poner posters o carteles que eran necesarios para mis planes de clase, les molestaba la idea y algunos de ellos accedían y/o mostraban cara de que no querían compartir el espacio. Esto me frustraba y me hacía sentir que mi labor como docente no era valorada, ya que la falta de espacio hacía que las cosas se hicieran difíciles,  no solo para mí, sino para mis alumnos y otros docentes.

Este año escolar, he tenido la fortuna de tener mi propio espacio para mis clases. Cuando entré al colegio,  supe que era la escuela para la que quería trabajar y puse mi mayor empeño en eso. Visualicé a mis estudiantes en ese lugar, en ese espacio conformado por 4 mesas rectangulares de un tamaño inmenso, rodeadas por sillas verdes, dos tableros blancos, y un proyector. Wow ¡un proyector! Por primera vez iba a poder mostrarle a mis estudiantes videos,canciones y jugar quizlet y otras actividades que siempre quise hacer.

Cuando me llamaron a darme la oferta laboral, no lo dude un segundo. No podía creer que después de diez años iba a dejar de ser una maestra itinerante, además que iba a trabajar para una prestigiosa escuela de la ciudad de Chicago.

En mi primer día laboral, lo primero que hice fue sacar las mesas del salón y darle un giro al espacio, pues sabía que quería aprovechar el espacio, además anhelaba tener más proximidad a mis estudiantes, así que puse las sillas en un medio círculo y dividí el salón en dos. Uno para la introducción de la clase que consiste en una alfombra, un  tablero y un calendario y el segundo espacio consiste en un tablero, un proyector, una cámara de documento y las sillas formadas en semicírculo.

Los primeros días fueron un poco extraños para mí y mis alumnos, ellos no podían creer que no tenían pupitres y les gustaba la idea de tener un espacio más abierto para compartir en la clase de español. Yo por el contrario debo confesar que tenía miedo de abolir los escritorios; a veces incluso,  pensaba en dejar dos, o quizás uno; pero en el fondo, sabía que tenía que hacerlo este año escolar, pues no quería acostumbrarme a ellos y después no sacarlos.

Poco a poco fui viendo las ventajas de no tener pupitres, pues el hecho de poder movernos fácilmente por el espacio, permitió que incorporara en mis lecciones juegos típicos latinoamericanos, representaciones de escenas, bailes y más, también sirvió como punto clave para tener un mayor acercamiento a mis estudiantes y estar más accesible a ellos. Me abrió mi perspectiva como maestra y me ayudó a ver a mis niños desde todos los puntos de vista.  Entendí que no todos mis estudiantes son iguales y que cada uno tiene preferencias y habilidades diferentes. Algunos incluso se sientan en el piso o se quedan de pie, pues las sillas no son la mejor opción para ellos. Pienso que hoy en día soy muy flexible y me encanta porque los escritorios impiden que haya movimiento, que haya acción, y además dificulta al maestro de IC a tener una panorámica más abierta de lo que los niños están haciendo.

Tener un salón sin pupitres me ha ayudado también a tener una identidad como maestra, a moverme por el espacio mucho más relajada,más tranquila y  hacer parte de los juegos tradicionales con ellos. Siento que puedo conectarme con mis niños. Me gusta sentarme con ellos a hablar, a compartir y a tener conversaciones naturales  de nuestra vida cotidiana.

Así como hay ventajas de no tener pupitres en el aula de clases, también hay desventajas. Creo que la mayor este año ha sido que mis alumnos no tienen sillas asignadas, así que usualmente tienden a sentarse al lado de sus amigos y de hablar. Aunque reconozco que en general mis clases son realmente buenas y el comportamiento de los niños no es un problema, hay momentos en los que ellos no son conscientes y hablan con sus compañeros de clase naturalmente. Cuando esto ocurre, lo que hago es un juego tradicional y les pido que cambien de sillas o si el caso es repetitivo, entonces yo misma asigno una silla para los estudiantes charlatanes.

Con mis clases de Kinder ha sido complicado sentarse en las sillas, he querido pedirles que se sienten en la alfombra, pero desafortunadamente mis sillas son un problema porque no permiten que se puedan apilar, entonces los estudiantes naturalmente se sientan en ellas cuando las ven.  Ya he hablado con mi administrador acerca de esto, y espero que para el próximo año escolar tenga sillas nuevas.

Con mis estudiantes de segundo y tercer grado creo que las sillas funcionan perfecto y por alguna razón estos grupos se portan mejor que los de cuarto y quinto, a quienes en algún punto tuve que asignarles sillas, pues veía que hablaban repetitivamente y era difícil controlar la disciplina de la clase.

Para el próximo año escolar, pienso introducir el “compadre de la clase”. Compadre es un término que viene del latín que indica cooperación, y es utilizado por muchas personas en Colombia y otros países latinoamericanos.  Así que pienso desde el inicio del año escolar asignar un compa a cada estudiante para que se sienten y hagan actividades juntos, y a su vez, evitar la camaradería y habladuría en la clase, además de ahorrarme tiempo asignando parejas para juegos y otras dinámicas del aula.

En general mi experiencia sin pupitres ha sido fantástica y muy positiva, Me siento agradecida por la oportunidad de tener mi espacio, pero sobre todo de contar con administradores que apoyen el programa y que crean que CI es la forma más natural de adquirir una lengua. Si alguna vez te preguntas cómo sería un aula sin pupitres y tienes el deseo de hacerlo pero no te atreves,  no dudes en arriesgarte porque definitivamente marcará una diferencia en tus clases, solo déjate guiar por tus instintos y decídete. Realmente vale la pena.

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